La Irma y la Pantera Rosa Ph: Eduardo Aroca
Basura
Pequeñas fotos mas una gran historia
J. Eduardo Aroca
Museo Casa Caravati – San Fernando del Valle de Catamarca
Texto presentación de la muestra
En "Basura", Eduardo Aroca desplaza deliberadamente el eje de la obra desde la representación hacia la revelación. Lo que en una primera lectura podría inscribirse como una crítica a la lógica contemporánea del consumo y el descarte, se complejiza al situarse en un territorio donde el residuo deja de ser signo de agotamiento para convertirse en materia de producción simbólica.
En el Triki y la Irma, los desechos del consumo —objetos descartados y efímeros— devienen elementos rituales, organizados según una lógica íntima que los sustrae de su condición de residuo. La mirada de Aroca no se limita a evidenciar el costado oscuro del consumismo, sino que desestabiliza esa lectura como único marco posible, desplazándola hacia la construcción de formas singulares de identidad desde el margen.
En este sentido, la obra dialoga con las derivas del arte contemporáneo que, desde experiencias como el Arte Póvera, han puesto en crisis la noción tradicional de material y de valor en el arte. Sin embargo, a diferencia de esas experiencias, donde el artista opera sobre el residuo, en Basura el descarte ya llega cargado de sentido: no es un recurso formal, sino una condición existencial, un modo de habitar el mundo desde lo que queda.
Aquí no es el artista quien selecciona el residuo para incorporarlo a la obra, sino que son los propios sujetos –el Triki y la Irma-quienes construyen un universo simbólico con aquello que la sociedad abandona. Aroca no interviene: observa, registra y se sitúa. Su gesto no es de apropiación, sino de revelación.
Así, lo desechado se sublima: lo trivial deviene símbolo, y la obra nos interpela a repensar qué queda en el umbral entre lo efímero y lo trascendente. Pero también —y quizás de forma más incómoda— nos obliga a preguntarnos qué dicen esos restos sobre nosotros mismos, sobre nuestras formas de consumo, de olvido y de pertenencia.
Eduardo Aroca es alguien que no eligió un solo lenguaje, sino una forma de mirar. Su obra atraviesa el dibujo, la pintura, la fotografía y la palabra, todas ellas impulsadas por una obsesión: rescatar la memoria del territorio.
Aroca no solo representa el paisaje, lo habita. Lo caminó como montañista, lo registró como fotógrafo y lo narró como escritor. Su trabajo es estético, y es también un gesto de compromiso con la identidad, con la cultura y con las historias que persisten en lo profundo de nuestra tierra.
Más que un artista, es un testigo sensible de Catamarca.
Aroca no solo representa el paisaje, lo habita. Lo caminó como montañista, lo registró como fotógrafo y lo narró como escritor. Su trabajo es estético, y es también un gesto de compromiso con la identidad, con la cultura y con las historias que persisten en lo profundo de nuestra tierra.
Más que un artista, es un testigo sensible de Catamarca.